El viejo y su dios (I)

Ciri y Andrea habían salido a por comida y agua y ya llevaban dos días fuera. Demasiado. Mientras, los Zorros restantes discutían sobre cuál era el paso más adecuado a seguir ante aquella nueva e inesperada situación. Ciri y Andrea eran el primer grupo de aprovisionamiento que no regresaba con su objetivo cumplido en un... Seguir leyendo →

Rarezas (II)

Tardé una semana entera en llegar a la conclusión de que aquel tipo, muy probablemente, era Iván, mi antiguo compañero del colegio. El calor me ralentizaba. La misma tarde en la que creí haberme asegurado de eso, decidí volver al centro comercial. Esperaba verle de nuevo, vagando por allí. Sí, lo sé, reconozco que era... Seguir leyendo →

Peces de plástico

Como mi reserva de sueños se está ya agotando y con el propósito de mantener mi entrenamiento semanal en forma de relatos, os presento hoy una nueva categoría llamada Relatos en vela. Reconozco que me costó decidirme con el nombre de este nuevo apartado, porque su base será lo opuesto a la de los Relatos... Seguir leyendo →

Rarezas (I)

Alex era un niño atípico. Él mismo no tardó en darse cuenta de que sus gustos iban más allá del fútbol, los robots y los coches que tanto obsesionaban a sus compañeros de clase, pero se esforzaba siempre por aparentar que perseguir una pelotita hasta marcar un gol o dos era lo único que le... Seguir leyendo →

Amarillo-verde, burdeos, naranja

Dormía profundamente cuando sentí un extraño ruido como de eco metálico y me desperté, algo alterado. Un tintineo oxidado en grupos de cuatro se repitió tres veces: toc, toc, toc, toc. En total, doce tocs. Me di cuenta entonces de que el sonido provenía de los porticones de la ventana, que eran de un aluminio... Seguir leyendo →

Los ojos del bosque (II)

El ursus arctos y Entia, Entia y el ursus arctos. La bestia y la niña se miraron durante minutos, la voz entrecortada por el miedo y la admiración. El depredador empezó entonces a rugir y, de entre sus graves gritos de animal, a la niña le pareció distinguir una serie de palabras: —¡No puedes escapar!... Seguir leyendo →

Los ojos del bosque (I)

A Entia siempre le había encantado salir de excursión con Ciri, su hermana mayor. Los domingos por la mañana, en verano, se levantaban muy temprano y preparaban algo de comida para adentrarse en la inmensidad del bosque de Eco. Por aquel entonces, la pequeña Entia solo tenía seis años, pero ya había aprendido a leer... Seguir leyendo →

Agua y comida (II)

Andrea y yo decidimos, convencidas de que esa era la opción más viable, salir corriendo del callejón. Casi no podíamos discernir nuestro propio cuerpo en aquella pesada oscuridad, pero un instinto de supervivencia recorrió todo nuestro sentir para arrancarnos de aquel terrorífico lugar sin que nos tropezáramos con la pared, con algún fragmento de madera... Seguir leyendo →

Agua y comida (I)

El mundo y sus asquerosos ciudadanos parecían haber ido perdiendo la cabeza de forma progresiva. Al no encontrar explicación a los extraños sucesos acontecidos aquel lluvioso día de no recuerdo qué estación, la mayoría de los habitantes de la ciudad sin nombre habían optado por tratar de destruir el sistema establecido. Los idiotas idealistas empezaron... Seguir leyendo →

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