Usos ininteligibles

Cuando estudiaba filología me preguntaron varias veces si esa carrera servía para algo. A veces, incluso, ese tipo de personas —que me conocen más bien poco— me lanzan una sonrisa a medias cuando vuelvo a verlas. Una de esas que sabes que ocultan ciertos enigmas.

Recuerdo el caso concreto de un cliente —peligros de trabajar de cara al público— que me aconsejó que no leyera ficción. “La ficción es para niños, como mucho para jóvenes. La ficción no aporta nada. La ficción no tiene una aplicación práctica en la vida diaria.” Yo no pude más que devolverle la medio sonrisa que él me había disparado antes, cargada en mi caso con una mezcla de incredulidad y confusión y, después, me lo imaginé así (o similar, pero con el mentón más hacia adelante, que no he encontrado el dibujo que buscaba):
homo-sapiens-enfadado-culturas-prehistoria-pintado-por-palmama-9782127

Días después, el cliente, que además de majo es constante, volvió para darme un nuevo consejo gratuito, esta vez cuando se enteró de que había escrito Proyecto ficción. Insinuó de un modo demasiado directo que la literatura de género es para críos. En mi opinión, no podía encontrarse más alejado de la realidad. La conversación empezó más o menos así:
—¡Vaya! ¿Has escrito un libro?
—Sí… Es autopublicado.
—¿Y de qué va tu libro?
—Es una mezcla de ciencia ficción y fantasía.
—(Risa irónica) Entonces se la regalaré a mi hija.

A partir de ahí, y como su gusto por visitarnos iba en extraño aumento, decidí ignorarle. O al menos así lo hice la mayoría de las veces. Una no pude. Fue cuando le aclaré que trataba de enfocar mis textos de fantasía hacia un público más adulto, como si le tuviese que convencer de que la literatura de género (y cualquier tipo de literatura) puede abarcar un público muy diverso. No pudo soportarlo. Su cerebro se revolvió y se pensó que hablaba de 50 sombras o de un nuevo tipo de pornografía literaria.

Pues no, señoro, no. La literatura de género está llena de trasfondo, de un trasfondo profundo que se esconde tras las fauces pestilentes de sus monstruos, tras la sangre en las paredes y tras los cables y las señales telepáticas. Sé que no siempre es así, pero en general, creo que las autoras de género buscan dejar ese mensaje oculto, esa huella. O puede que no, que una obra de arte haya sido escrita solo con el objetivo de explicar una historia. La inmersión en esos submundos ficticios es otro tipo de trasfondo, ese que nos permite huir de la aburrida realidad y ampliar horizontes. El que nos ayuda a ser libres.

Podéis imaginar la rabia que crecía en mi interior cada vez que el cliente cruzaba el umbral de la puerta. Cada vez que, con su media sonrisa, expresaba esa agresividad pasiva.

Pero cuidado, que la cosa todavía se puso peor. Ampliando esta consideración por lo inusual, cuando caí de nuevo en sus redes e intenté explicarle que el grueso de mis lecturas desde hace más de dos años son obras de género escritas por mujeres, e incluso mencioné las antologías solo de autoras como Alucinadas o el Premio Ripley, saltó con el típico discurso: “¿Por qué no hacen una antología toda escrita por hombres?”

Joder, es que ese tipo no entiende nada. O no le da la gana. Porque creo que todo el mundo es capaz de entender una cuestión como esa, aunque algo hace que su lógica se vuelva ciega. Y cuidado con los personajes no normativos… Ahí ya…

Ya me entendéis. Luego, como soy fácil de provocar, intenté explicarle al tipo que la decisión de leer a más autoras que autores fue una decisión necesaria. Porque yo siempre estaba en plan: “¿Qué mierda pasa con los personajes femeninos en la ficción? ¿Por qué decoran el escenario en tantas ocasiones? ¿Por qué hay una mujer cada cinco machotes pelo en pecho?”. No tardé en abrir los ojos por completo: el problema se extendía mucho más allá.

Lo último que traté de explicarle, aunque estoy seguro que con poco acierto, fue que debíamos esforzarnos por abrir los ojos, que debíamos tratar de rechazar lo típico y lo evidente, lo canónico y lo recurrente y acabar con el típico protagonista blanco y cishetero que se repite hasta la saciedad. Y que eso era ausencia de verosimilitud. También creo que le grité en todo el careto algo así como: “¡Viva la diversidad!”, porque ya sabéis, la diversidad es la única base de la realidad y, la realidad, a su vez, es la base de cualquier obra de ficción.

Estoy empezando a pensar que ese tipo no existe, o que es el padre bastardo de los típicos que me preguntaban si estudiar filología servía para algo.

3 comentarios sobre “Usos ininteligibles

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  1. Yo no he llegado al nivel de tontería de tu persistente cliente pero ni leía ciencia ficción ni tenía claro a que se referían con lo de “literatura de género”.No era por menosprecio ni por infravalorarla,simplemente no me ataía o no había encontrado la lectura adecuada que me gustase.En 2018 se produjo el cambio.Estoy leyendo distinto tanto de temas como de autores,mejor dicho, de autoras y estoy muy contenta.Por cierto ,demasiada paciencia tienes con la clientela plasta.

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    1. Es cierto que hay una tendencia (a veces involuntaria) que evita leer género a algunas personas. Cada vez más (tú eres la prueba de ello), esta tendencia desaparece. Me alegro mucho de que descubras nuevos géneros, por cierto. Es muy enriquecedor y siempre está bien ampliar horizontes 🙂

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  2. La mío ha sido involuntario,simplemente siempre había otros libros,autores o temas que me llamaban más la atención.Creo que más que evitarlo es que no me he cruzado conscientemente con él.Como ya te he dicho eso ha tenido fácil solución desde el año pasado.Hay de todo pero por ahora me estoy llevando una buena impresión.Un saludo.

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