La profundidad temática en la obra de Ursula K. Le Guin

La semana pasada inaugurábamos las entradas de #UnAñoDeAutoras dedicadas a Ursula K. Le Guin con Ursula K. Le Guin: sueño, arte y leyenda. Hoy, antes de nada, quiero dar la bienvenida a la iniciativa a Taty (Valen más mil palabras que una imagen), una filóloga que también nos hablará de la obra de Ursula K. Le Guin, que además es su autora adoptada, durante este mes en su espacio. Permaneced atentas.

Antes de entrar en materia, y retándome aquí y ahora a mí mismo, durante este mes tengo el objetivo de leer y reseñar las cinco historias que componen el total de Historias de Terramar, el libro recopilatorio dedicado a la autora que me llegó este mismo lunes. Para las interesadas, esta obra incluye cinco de los seis libros que suceden en Terramar: Un mago de Terramar, Las Tumbas de Atuan, La costa más lejana, Tehanu y En el otro viento. ¿Lograré mi objetivo?

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Antropología es vida

Ursula K. Le Guin creció en un hogar privilegiado. Su madre fue escritora y antropóloga y su padre antropólogo y director del Museo de Antropología de la Universidad de California. Gracias a crecer en un ambiente de investigación y reflexión social, una joven Ursula descubrió el particular caso de Ishi, un nativo americano que fue considerado en su día el último indio salvaje. La relación de Ishi con el mundo del hombre blanco impactó a Le Guin, dejando una huella en la escritora que nunca se borró. El estudio de sus padres sobre el caso de Ishi resultó en un bestseller escrito por Theodora Kroeber, la madre de la autora. Ishi entre dos mundos (Ishi in Two Worlds, 1961) fue uno de los detonantes de la preocupación de Ursula K. Le Guin por la integración social, la interacción cultural y la inclusión de etnias minoritarias. Ejemplos de estas temáticas las podemos encontrar en toda su obra, por ejemplo en libros como Planeta de exilio (Planet of Exile, 1966), La ciudad de las ilusiones (City of Illusions, 1967), Los desposeídos (The Dispossessed, 1974) y El nombre del mundo es Bosque (The Word for World is Forest, 1976).

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El caso de Ishi es solo un ejemplo de como Ursula K. Le Guin tuvo la oportunidad de estudiar y comprender de primera mano una parte concreta de un vasto espectro de diferencias sociales. Gracias a crecer en un hogar de antropólogos, estuvo informada de las distintas perspectivas psicológicas que componían su sociedad y la identidad de los individuos con los que la compartía. La mayoría de los personajes principales de la obra de Le Guin son gente de color, un hecho indicativo de la igualdad social que la autora perseguía. En ocasiones y en clave metafórica, la escritora fue más allá y utilizó como personajes principales a los que ella llamaba alienígenas (humanos pero no procedentes de la Tierra) para examinar la estructura social e individual y el impacto que las desigualdades relacionadas con la procedencia o el color de la piel tienen en la humanidad.

A parte de esto, la obra de Le Guin muestra con constancia  acciones y eventos típicos del día a día. Estos sucesos sirven para crear una imagen clara y analítica de cómo el ambiente influye en el individuo y en su relación con el mundo y los demás. Un ejemplo lo encontramos en Tehanu, cuyos personajes centran gran parte de su actividad en cuidar de animales y plantas.

Naturaleza: equilibrio y desorden

Ursula K. Le Guin consideraba que el sistema socio-político dominante en Estados Unidos era problemático y destructivo para la salud y permanencia de la naturaleza y para la humanidad y sus relaciones mutuas. Esa idea aparece de forma recurrente en la obra de la autora, siendo dos ejemplos El ojo de la garza (The Eye of the Heron, 1978) Siempre volviendo a casa (Always Coming Home, 1985). Estos dos trabajos (y varios más) están enmarcados dentro de un contexto utópico o distópico que experimenta con distintas posibilidades relacionadas con el orden político y social. La imaginación de la autora forma una dicotomía: sus premisas son a la vez un homenaje al género fantástico o de ciencia ficción y un ejercicio relacionado con la imaginación política.

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Las ideas de Le Guin sobre el anarquismo aparecen también en su obra y están ligadas al taoísmo. La autora estadounidense participó en distintas marchas a favor de la paz y de la integración social y, pese a que no se autodenominó nunca como anarquista porque su estilo de vida no casaba con esta ideología, sí que reflexionó sobre la democracia como un método válido, pero no el único a tener en cuenta para lograr una convivencia saludable.

El taoísmo y el anarquismo funcionan juntos de un modo muy interesante y yo he sido taoísta desde que aprendí lo que significaba.

Le Guin consideró que Los desposeídos era una novela de anarquía utópica. Su premisa estaba directamente influenciada por la tradición pacifista anarquista (Kropotkin) y algunas de esas ideas formaban también parte de la contracultura de los años sesenta y setenta. Le Guin consideró al anarquismo un ideal necesario sin el que no podríamos seguir adelante. En todo caso, su forma de pensar influyó en el pensamiento anarquista e incluso popularizó un pensamiento más viable, pacifista y verosímil. Siempre pensando en el futuro.

El anarquismo es un ideal muy necesario. Es un ideal sin el que no podríamos avanzar. Si me estás preguntando si, en este momento, el anarquismo es un movimiento práctico, entonces deberías preguntarte [a ti misma] qué estás dispuesta a hacer y quién pone los límites.

Ilustración de portada: Gemma Martínez

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