Inktober ampliado (III): Selva Híbrida

21. Tauros

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Se llamará Ariadna. Será una torhumana. Nacerá encerrada, vivirá encerrada y seguirá, a sus veintitrés años, metida en la maldita jaula. Solo verá la luz del sol cuando la corrida dé comienzo (y quizá no la vuelva a ver jamás).
Mientras espere, Ariadna soñará despierta como tantas veces lo hace. Recreará sus ilusiones pasadas, esas que, según ella cree, han nacido de la nada y que dibujan en su cabeza una plaza de toros abierta y verde. ¿Qué clase de paraje irregular es ese en el que el aire lo tiñe todo de liberación?

22. Canis Lupus

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En una de las noches de corrida, Ariadna al fin se librará del torero que la lleva atormentando desde que tiene conciencia. Las seis o siete banderillas penderán de su espalda y su consciencia se estará esfumando mientras vea entrar a dos híbridos más que luchan por liberarla.
Luego, despertará en una cama, en su primera cama. Al lado, un calendario en el que pone: Año 2234.
—Al fin despiertas. Eras la última torhumana bajo el yugo de los toreros.
Ariadna no sabrá qué contestar.
—Yo soy Lesnah —dirá la perrhumana y, luego, señalará al girhumano—. Y él es Leterg. Somos luchadores de Amoenus.

23. Felis Catus

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—Han perdido su propósito —empezará a explicar Leterg mientras le enseña a Ariadna el interior de la cueva clandestina.
—¿Quiénes? —dirá ella, todavía confusa.
—Nuestros enemigos naturales: el grupo conocido como Vita nostra. Cuentan los antiguos textos que el objetivo de sus antepasados era eliminar a las otras razas animales. Parece que no les salió bien.
Ambos reirán.
—Por eso mismo creemos que ahora son más peligrosos. Porque no conocemos sus auténticas intenciones —advertirá Leterg—. Lesnah te acompañará en tu primera misión: deberéis buscar pistas en uno de sus antiguos laboratorios.

24. Paramachairodus

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Una vez en el edificio abandonado, la oscuridad se cernirá sobre Ariadna y Lesnah. La perrhumana olfateará el aire sin propósito aparente y Ari tropezará con sus cuernos aquí y allá. Jamás había estado fuera de la plaza.
—¿Qué buscamos? —preguntará.
—Motivos —contestará Lesnah.
—¿Motivos para qué?
—Para empezar una guerra.
Luego, las compañeras se encontrarán con un cadáver extraño: una calavera con colmillos ajada por el paso del tiempo, los huesos del cuerpo roídos y débiles, manchados y oxidados.

25. Cornibus

El temor animal se convirtió en temor híbrido, y así, los bandos se posicionaron según sus intereses. Como en todo conflicto, como en todo mundo atestado de idiotas.
Los Amoenus no encontrarán ningún motivo sólido para atacar a sus enemigos silenciosos, pero aun así, se prepararán para dar un golpe en su sede central. Los tibhumanos cogerán sus arpones, los tigrhumanos sus escopetas. Las torhumanas arremeterán con sus propias astas. Las vedhumanas se harán con sus pistolas de clavos, y así hasta el infinito.
Mientras, Ariadna paseará por las afueras de la guarida, reflexionará sobre su pasado y se recreará en él para convencerse a sí misma una vez más que no quiere regresar.

26. Sus

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En un instante de extraña iluminación, la mente de Ariadna regresará a la plaza de toros, al día de su liberación. Revivirá su última corrida, su último día como presa. El torero cerdhumano le clavará una banderilla y se codeará de su suerte mientras las aghumanas la apuntan desde las torres de vigilancia con sus rifles láser. Una vez más, estará perdida. Una infinita y atemporal vez más.
Luego entornará sus cuernos hacia la derecha y hacia la izquierda. El público toreará el absurdo nombre compuesto del cerdhumano y ella solo querrá, una vez más, que terminen con su sufrimiento. Pero en ese sueño lúcido, los Amoenus no vencerán, sino que lo harán los conservadores. La agarrarán de los cuernos una vez más y la arrastrarán, casi inconsciente, por la arena llena de diminutas piedras de la plaza central. Al final, la meterán en el tanque de bálsamo regenerador para después devolverla a su jaula.
Y el aire nocturno que se cuela entre las rejas volverá a congelar sus pensamientos mojados.

27. Amoenus

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Ariadna volverá a despertar. Se encontrará con sus nuevos compañeros y con las ganas de ser alguien en un mundo sin identidades. Llegará al punto de partida y se dispondrá a unirse a la causa. Aullará con sus compañeras por la libertad o el entendimiento.
—¡Los Amoenus solo queremos vivir en paz! —gritará Lesnah mientras observa orgullosa a su ejército de híbridos. Trompas, garras, picos, alas y escamas brillarán con las gotas de lluvia nocturna.
Los animales —o humanos— corearán su nombre y el de la organización en una canción sin orden. Alzarán sus armas hacia el esperpento y soñarán con regresar al pasado.

28. Veritas

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¿Guerra o masacre? ¿No es eso acaso lo mismo?
Los Amoenus irrumpirán bajo la lluvia nocturna en la sede de Vita nostra. Muchos caerán víctima de los dardos y las balas, de los láseres y las cuchillas. Otros avanzarán e invadirán las habitaciones del sombrío edificio. Acabarán sin dudar con los científicos que allí perfeccionan híbridos, con aquellos cuyos antepasados los llevaron a un estado deleznable y fútil a la vez.
Imprevisible, Ariadna será la única que dudará de su cometido. Se perderá escaleras arriba y llegará, sin saberlo, al despacho del científico Madhorn, uno de los jefes de Vita nostra.

29. Anura

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Madhorn es un saphumano. No se ven demasiados como él. Sus grandes ojos emergen de las gafas redondas y se escapan de las órbitas.
Ariadna se asustará al verle, un instinto pasado o ancestral la imbuirá a clavarle sus cuernos y a aplastarlo contra la pared. El científico reirá como un pirado, encenderá las luces de la sala semiiluminada con una palmada y, luego, activará el protocolo de emergencia.
—¡Está todo perdido! —gritará mientras presiona botones como un loco.
A Ariadna le parecerá perder el control, la conciencia, los recuerdos. Incluso mientras Leterg la llama desde la puerta y le pide que regrese, se sentirá perdida, el doctor morirá, habrá una explosión, y Ari —así la llamaba su madre— se perderá en una espiral de tiempo y espacio mientras su mundo desaparece.

30. In albis

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Ari caerá, vislumbrará ante sus ojos épocas de las que no ha oído ni hablar. De hecho, en ese momento se sentirá como si no hubiese oído hablar de nada en absoluto, porque ni siquiera sabrá quién es ella misma. Luego, aterrizará en una insólita nada, los ojos en blanco y, de nuevo, el prado verde en sus esperanzas. Pero no habrá nada.
A su alrededor se expandirá un mundo nuevo, o viejo quizás, que no es sino pasto de la reencarnación de un estancamiento imperecedero. A lo lejos, Ari vislumbrará dos figuras muy distintas a todo lo que ha conocido aproximándose a ella.

31. Tres

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La primera tendrá colmillos, la piel azul y la hibridación animal distante, quizás inexistente. ¿Una antigua humana, quizás?
—Hola, Ari. Yo soy Lar’jin —se presentará.
La segunda, una humana a lo lejos, pero de cerca una híbrida entre algún peludo con colmillos y mucha agresividad.
—Yo soy Nial —dirá la otra voz.
Antes de desmayarse, los cuernos enfocando hacia el cielo, Ari oirá a sus dos nuevas y únicas amigas entonar, a la vez, una extraña canción de disculpa:
—¿El mundo realmente existía?

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