Inktober ampliado (I): Roca Lanza

Hoy comparto con vosotros la primera parte de nuestra propuesta de Inktober ampliado. ¡Disfrutad de las mini-aventuras de Lar’jin e Inu! Las ilustraciones son de Gemma Martínez.

I. Lar’jin e Inu

IMG_20171010_094530

Roca Lanza era un lugar tranquilo y vasto. Cada día, las luces de los dos grandes astros, Eáspora y Nameya, cubrían de atardeceres súbitos sus tierras, luego jugaban en el cielo a perderse ante la llegada de las lluvias nocturnas.
Lar’jin había pasado dos años alejada de su pueblo. Abrazó la senda del chamanismo y decidió vagar por los ecos vacíos del desconocido mundo exterior para aprender a usar el verso, una magia ancestral que solo algunas privilegiadas lograban dominar a través de la palabra.
En el exterior fue donde conoció a Inu, la dientes de sable que, primero, hizo temer a la trol por su vida y, luego, le brindó una compañía que no hubiese esperado encontrar tan lejos de su hogar.
Cuando Lar’jin al fin sintió que dominaba el verso, se dio cuenta de que no sabía regresar a Roca Lanza.
No pudo evitar exhalar un sollozo descarado.

II. La sable y el bosque

IMG_20171010_095100

Inu era bastante distinta a los huargos que la tribu Roca Lanza entrenaba para las cacerías. Los dientes de sable no eran comunes en el hogar de Lar’jin y, además, la tribu temía sus afilados colmillos, pese a que los trols también tenían.
—¿Cómo estás hoy? —preguntó Lar’jin a su compañera.
Inu se restregó el rostro con sus dos enormes patas delanteras en señal afectiva.
Se acercaba la noche y debían volver a la cueva. Otro día más sin dar con Roca Lanza.
El camino de vuelta se le antojó distinto a Lar’jin. Hubiese jurado que se encontraban cerca del claro, pero dieron con una valla de madera ajada compuesta de dos troncos cruzados con otros dos. La trol empezó a patear la valla, pero su fuerza fue insuficiente. Entonces, empezó a invocar al espíritu del fuego. Mientras lo hacía, Inu posó su cabeza bajo uno de los troncos y lo elevó, sacándolo de su posición. Lar’jin frenó el hechizo.
—Realmente es una lástima que no puedas hablar —dijo la trol.

III. Entre colmillos

-bNvTxA_

Lar’jin e Inu gastaban los días en explorar el territorio que rodeaba la cueva que les servía de refugio. La trol se había obsesionado con encontrar su hogar perdido e incluso imaginó que su pueblo había desaparecido, tragado por alguna suerte de dios antiguo y obsceno.
Mientras se encontraba envuelta en ese pensamiento y en otros similares, no se dio cuenta de que Inu se había marchado de su lado. Aceleró el paso.
Lar’jin encontró a su compañera cerca del río Raudó (así lo bautizó la trol, que se dedicaba a la cartografía en sus momentos más álgidos). Inu llevaba en su boca a un pequeño jabalí de pelaje negro. Parecía atrapado entre sus dos enormes colmillos.
—¡Inu, no! ¡Por favor! —exclamó Lar’jin.
Acto seguido, Inu dejó al cerdo en el suelo. Estaba empapado y no se movía. La trol se temió lo peor, pero se sorprendió cuando la sable la miró a los ojos y, luego, se giró de golpe para empezar a presionar el pecho del animal con la base de su morro.
La cría de jabalí expulsó varias ráfagas de agua y volvió a la vida entre quejidos confusos.

IV. El guardián

IFTzio-O

La lluvia era torrencial aquella noche. Lar’jin e Inu se amontonaron en una rara mezcla e intentaron conciliar el sueño frente a la hoguera.
—¿Hola? ¿Hay alguien? —Una voz siniestra irrumpió en su descanso. Parecía provenir del exterior de la cueva, y su rota melodía interrumpía la bella canción de la lluvia al mojar la tierra.
Lar’jin se levantó e Inu la siguió. La trol le hizo un gesto con la mano y le indicó que esperase dentro.
Al asomarse, vislumbró a un tipo de orejas puntiagudas que llevaba puesta una larga túnica. Su piel parecía roja como los hechizos de fuego, y en aquella noche fría de agua y rayos contrastaba con la tez azulada de la trol.
—Esa bestia es peligrosa —dijo el tipo sin presentarse.
—¿Cómo? —dijo Lar’jin—. ¿Qué… quién es usted?
—Soy Kelhar. Un elfo guardián.
—Largo de aquí —dijo la trol entornando sus manos hacia el cielo. El aire, mezclado con la escarcha y los truenos, se agitó en un aviso descontrolado.
Kelhar chasqueó los dientes y se largó, la mirada negra puesta en Inu.

V. Fuego

IMG_20171010_095604

Kelhar regresó la noche siguiente. Le acompañaba una elfa encapuchada de piel también roja, casi granate. Esta vez, el elfo guardián no preguntó, sino que lanzó directamente una red sobre Inu, impidiéndole moverse. Lar’jin se despertó sobresaltada, y lo primero que vio fue a su compañera siendo transportada por cuatro manos rojas.
Lanzó un quejido de horror, pero no se permitió ni medio segundo para recomponerse. Aprovechó la energía que restaba en la hoguera marchita y lanzó dos bolas de fuego hacia sus enemigos impuestos. Alcanzó a Kelhar, pero la elfa consiguió esquivar el hechizo y huir. Las chispas debilitaron la red que retenía a Inu.
La rabia se apoderó de la trol, que se posó sobre su enemigo y acrecentó la magia del verso con un poema en lengua antigua. El fuego que hacía arder la túnica del elfo se avivaba por momentos.
Antes de que pudiese terminar de recitar su lírica, Inu la embistió, aunque para Kelhar ya era demasiado tarde.

VI. Terreno limitado

KxQo-E3V

Lar’jin volvió en sí unos minutos después. El temor por perder a su compañera y caer en la soledad más gris le hizo vaciar su mente. Inu parecía asustada, y no la culpaba por ello. Al fin y al cabo, la trol acababa de asesinar a Kelhar.
Se sentía mal, pero el miedo la instó a seguir a la elfa fugada. Lar’jin buscó una pócima azul en su bolsa de piel y se frotó las manos con ella. Luego, empezó a dejar caer las gotas de aquel brebaje al suelo hasta que vislumbró, entre la lluvia candente, el camino que había seguido su enemiga.
El rastro condujo a Lar’jin e Inu hacia un extenso terreno atestado con jaulas. A lo lejos, había encerrados huargos, jabalíes, cuis… Y, justo a su lado, un dientes de sable enorme de pelaje claroscuro que miraba a los ojos a Lar’jin, luego a Inu. Parecía estar comunicándose con ellas.
Pedía ayuda.

VII. Vita nostra

ncE3Kl98

Vita nostra.
En cada una de aquellas jaulas había un grabado en piedra de una lanza atravesando esas dos palabras.
Lar’jin decidió liberar a los animales presos sin pensar en las consecuencias. Empezó por el dientes de sable. Esta vez, decidió apoyarse en la fuerza del aire para destruir con un pequeño tifón aquella cerradura.
Cuando quiso abrir la siguiente jaula, una marabunta de elfos rojos corría tras sus intenciones. Cogió a Inu y al sable liberado y les mandó seguirla. Lanzó una tromba de agua encima de sus enemigos gracias a la lluvia y Los tres se marcharon a toda prisa.
Atravesaron entonces un puente, seguidos por un par de pulgares de los elfos. La compañera de Kelhar iba en cabeza.
Inu cortó las cuerdas con sus colmillos justo a tiempo.
—¡Son peligrosos! —gritó la elfa roja mientras el puente se resquebrajaba—. ¡Son mucho más inteligentes de lo que crees!
Sus pensamientos de incomprensión terminaron cayendo al vacío junto con su cuerpo granate.

VIII. Escamas

5Hw8zVIh

A partir de entonces, Lar’jin, Inu y Truey pasaron sus días huyendo y durmiendo en campamentos improvisados, en cuevas mugrientas y oscuras, en claros aislados. La trol olvidó su objetivo principal, se olvidó de Roca Lanza, y terminó comprendiendo que el camino del chamanismo no entendía de hogares.
No entendía de trapos o banderas.
Llevarían ya un par de decenas de jornadas de huida cuando un dragón desaliño les empezó a seguir, con sus escamas doradas y su andar atípico. Parecía inofensivo. Inu y Truey le ignoraron, como ignoraban últimamente casi todo lo que sucedía a su alrededor. Estaban sumidos en una especie de extraño romance felino.
Al caer la noche, Lar’jin desesperó. Veinte días eran demasiados días. Y empezó a mojar con sus lágrimas la hoguera improvisada mientras los dientes de sable dormían en la cueva.
Entonces, el dragón desaliño la abordó. Lar’jin sintió miedo, sorpresa y, a la vez, curiosidad.
Y sintió más curiosidad aún cuando descubrió que el reptil llevaba en su boca una flor Arita y que se la estaba ofreciendo.

IX. Manada de tres

IMG_20171009_154330

Lar’jin, Inu y Truey.
Tres fugitivos parte de una única manada, de una única entidad viva. Cazaban juntos, comían juntos, jugaban juntos, corrían juntos. Huían.
La parte favorita de compartir su vida con los sables siempre fue la de dormir con ellos. Entre los tres, se daban calor, unas respiraciones mecían a otras y se acababan uniendo en un coro triunfal e hipnótico.
Y en las pesadillas en las que encontraba Roca Lanza, al fin, Lar’jin no estaba sola.
Pero aquella noche, algo la sobresaltó. La trol intentó acomodarse entre los dos enormes cuerpos de Inu y Truey, pero notó que una dura piedra o fría madera la acosaba. Acosaba a su garganta.
Se despertó.
La elfa roja había dado con ellos, rodeada de un ejército de túnicas oscuras, y apuntaba a Lar’jin con su ballesta.

X. Pestañeo

IMG_20171010_083704

—Al fin os encontramos —dijo la elfa mientras sus subordinados encerraban a Inu y a Truey en jaulas separadas.
—¡Basta! ¡Les hacéis daño! —gritó Lar’jin.
La elfa roja le golpeó la sien con la parte trasera de la ballesta.
—¡Silencio, trol! —En su voz, desprecio—. La próxima vez, te disparo en la frente.
Lar’jin se vio atrapada. Vio a sus compañeros de vida atrapados. Y, por primera vez y última, se atrevió a lanzar un hechizo del verso que todavía no entendía. Aprovechó los restos de una hoguera cercana, el viento y la lluvia combinados en la noche rastrera. Y la tierra que los envolvía a todos con su ferocidad.
La trol nunca antes había probado el transporte instantáneo. Sintió que desaparecía y volvía a aparecer tras un pestañeo y, justo después de lanzar su embrujo sobre aquella marabunta élfica y lograr que desapareciera, sintió un rasguño en su abdomen. Inu y Truey destruyeron su prisión y corrieron a socorrer a la trol. Al contemplarla, rugieron, rugieron durante una noche entera. Durante la única noche que dejó de llover en Kaladnar.
Luego, el corazón de Lar’jin se paró.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: