“Dioseros”, de Eduardo Vaquerizo

·Título: Dioseros (Memorias del Gran Anillo. 01)
·Autor: Eduardo Vaquerizo
·Género: ciencia ficción
·Fecha de publicación: mayo de 2017
·Editorial: Cerbero
·Número de páginas: 234

35167096._UY845_SS845_Portada de Dioseros, ilustrada por Juan Alberto Hernández

Eduardo Vaquerizo nació en Madrid en 1967. Gran parte de su obra se clasifica dentro del subgénero conocido como ciencia ficción dura o hard science fiction. En esta rama de la ci-fi, el autor refleja su formación como ingeniero aeronáutico a la vez que rinde homenaje al pulp más desenfadado. Pese a ello, la mayoría de sus relatos guardan una intención formal y estilística características de la ciencia ficción posterior a la Nueva Ola (steampunk, cyberpunk y experimentos entre el mundo de los sueños y el mundo real).

Su novela Danza de Tinieblas (2006) obtuvo el Premio Ignotus de la AEFCFT. El compendio de sus obras recoge títulos como la novelización de Stranded (en colaboración con Juan Miguel Aguilera, 2001), las novelas breves El lanzador (1998) y RAX (2000); La última noche de Hipatia (2009), Tres motivos para morir en Madrid (2014) y Nos mienten (2015). Además, el autor madrileño ha participado en varias antologías de relatos.

Dioseros es una novela breve de ciencia ficción que forma parte de la trilogía llamada Memorias del Gran Anillo. La sensación que la novelette nos deja tras leerla es la de que es un prólogo que sirve para situar al lector en un universo nuevo y completamente rico en detalles y en matices que, en ocasiones, leeremos dos o tres veces para entender mejor. No os voy a engañar: Dioseros es un libro algo complejo. Está lleno de palabras típicas de la ciencia ficción, sí, pero su vocabulario parece ir más allá, como si la formación del autor influyera en su obra literaria. Y, de hecho, lo hace. Lo hace y le otorga la capacidad a Vaquerizo de crear un universo futurista nuevo, muy ambicioso y explosivo, casi genial.

Podía haber seguido huyendo, pero lo obedecí. Al fin y al cabo había obrado un milagro.
Así comenzó todo.

En el contexto de Dioseros, que se sitúa en una época futura indeterminada tras una diáspora, la cultura de los Funcionarios está en creciente expansión por toda la galaxia y, desde su centro de operaciones situado en el Gran Anillo, ofrecen sus múltiples servicios a los habitantes del cosmos. Las civilizaciones que puedan pagar lo que los Funcionarios ofrecen, podrán contratar ejércitos privados, grandes ofertas de ocio o incluso dioses-máquina hechos a medida del consumidor.

La historia de la novela gira en torno a un protagonista ciego que mora por las calles de Calandanar desde niño, cuando perdió la vista. El ciego, que sobrevive gracias a las limosnas que le dan los ciudadanos de Calandanar, es totalmente ajeno a las aspiraciones metafísicas y morales en las que sí piensan los Funcionarios u otros seres de la galaxia. Como no llegamos a conocer su nombre, casi podemos entender que al perder la vista perdió también su identidad, transfiriéndola al lector. Con este recurso, el autor logra que nosotros mismos nos sintamos el ciego, logrando a la vez que empaticemos con él de forma muy directa y eficaz. De hecho, de entre los tres personajes principales, el ciego es el más humano, siendo Isaías y Elena dos dioseros con los que el ciego se cruzará y que parecen centrados en premisas menos pasionales y, a la vez, más complejas que las nuestras. Y qué bien sabe construir el autor a estos dos grandes personajes. Pero eso luego.

Así, el ciego, tras recuperar su vista gracias a Isaías, se unirá a este extraño dúo para surcar la galaxia y viajará a través de múltiples planetas, en busca de conocimiento, de reflexión y de aprendizaje. ¿Logrará redescubrirse a sí mismo tras poner a prueba su propia moralidad, su fe, el significado de su vida? ¿O será solo la mascota de Elena e Isaías?

Un narrador protagonista da la voz al hombre ciego (y sí, podemos considerar que al propio lector) y nos va descubriendo un mundo lleno de tecnología y de conocimiento. Durante toda la obra, que presenta una cronología lineal, se nos van descifrando algunos de estos misterios, de estos vastos conocimientos lejos de nuestro alcance de simples mortales y, además, se nos introducen hechos pasados de importancia para el acontecer de la historia. El DM (o Deux ex Machina) es una especie de robot, una mezcla avanzada entre Google y La Biblia, y es el aparato que el protagonista usará durante toda la novela para enterarse de lo que sucede y la excusa que el autor empleará para enseñarnos más y más sobre su universo.

Era, como supe mucho después, una máquina, un ser consciente de inteligencia parecida a la humana pero con poderes similares a los divinos.

Así, una narración tradicional y casi sin diálogos va diseminando los mundos en los que el autor nos va introduciendo mediante los viajes del ciego, Isaías y Elena. A esta narración tradicional se le añade un toque del fluir del pensamiento de su protagonista principal, cuya vista acaba de despertar tras años en las sombras, y esto llena de posibilidades a la forma en la que el autor nos explica su historia.

El ritmo narrativo va alternándose de manera casi imperceptible. Sí que es cierto que la introducción a este prólogo puede antojarse algo extensa, pero a partir de la mitad del libro, el lector comprenderá mejor el universo de Dioseros y no le quedará otra que terminar el bolsilibro en cuanto disponga de un rato.

El título descriptivo de la obra adelanta su premisa, que nos puede llegar a engañar (antes de leer la obra, claro). La idea de utilizar la religión, o la invención de una creencia mejor dicho, como herramienta para reinterpretar una sociedad es algo muy interesante y que me gustará ver más desarrollado en futuras entregas. Aquí se intuye cierta crítica social a la religión que, en mayor o menor medida, ha imperado sobre nuestras acciones a lo largo de la historia.

—¿Dónde está el santo?
—No se le ve, nadie sabe.
—¿Y el ciego que ve?
—Ascendido, ascendido al cielo en una columna de fuego.

Como ya he hablado del ciego, hablaré de Isaías y de Elena. El primero es un narcisista empedernido que se quiere más a sí mismo que a toda una sociedad o a mil sociedades, incluso y no duda en expresarlo con sus actos. Elena, la mujer dura e inteligente, parece funcionar de contraparte a este y es también su pareja, pero los dioseros interpretan el amor a su manera y no de la forma tradicional (y más humana, quizá o, mejor, más social) en la que lo hace el ciego.

En conclusión, Dioseros es una pequeña joya. Está escrita con un estilo narrativo impecable (aunque he observado en ella varios errores ortotipográficos y de puntuación, algo atípico de Cerbero), con un vocabulario muy variado y que sabe crear un universo propio y con una premisa casi genial. Sus protagonistas son distintos entre sí y tienen voz propia, son fuertes y nos hacen desear conocerlos mejor en un futuro. Esperaré con ansia el resto de la trilogía.

Valoración: Es buena
Podéis adquirir Dioseros aquí.

Aquí, el resto de críticas dedicadas a la editorial del perraco de tres cabezas. Pronto, una entrada resumen de todas. Que nosotras ya reseñábamos a Cerbero cuando todavía no era mainstream:
·Rubicón, de J. G. Mesa
·Yabarí, de Lola Robles (crítica por Miriam Beizana)
·Yabarí, de Lola Robles
·Los príncipes de madera, de Daniel Pérez
·CloroFilia, de Cristina Jurado (crítica por Silvia Paz)
·CloroFilia, de Cristina Jurado
·Domori, de Sofía Rhei
·36, de Nieves Delgado
·La belleza del uróboros, de Javier Castañeda de la Torre
·Barro (Post Scriptum 01), de Alicia Pérez Gil
·Ciudad tumba, de Albert Kadmon
·Última noche en el páramo, de So Blonde

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