“Ciudad tumba”, de Albert Kadmon

·Título: Ciudad tumba
·Autor: Albert Kadmon
·Género: terror
·Fecha de publicación: mayo de 2017
·Editorial: Cerbero
·Número de páginas: 199

PORTADA-Editorial-Cerbero-TINDALOS1_cubierta-01-600x845Portada de Ciudad tumba, ilustrada por Juan Alberto Hernández

Albert Kadmon (Lleida, 1992), cursó estudios de literatura comparada. Suyo es el mérito de crear al turbio y extraño detective sobrenatural Custodio Estrany, que protagoniza varios relatos que encontraréis en la página web del autor (kadmonidas.com). La primera novela que publicó fue Goecia (Acidalia, 2016). Además, el autor catalán ha publicado cuentos en varias revistas de ciencia ficción, como SuperSonic. Colecciona todo tipo de pseudoliteratura cabalista y sus intereses suelen coincidir con las más inverosímiles expresiones del fenómeno religioso.

En Ciudad tumba, el autor nos presenta una Barcelona llena de terror y de odio que esconde en su subsuelo a monstruos de pesadilla y horror esperando a ser resucitados. Dentro del contexto lovecraftniano en el que Kadmon nos va sumiendo, encontraremos drogas alucinógenas, policías corruptos, alcohol, sangre, sexo, tentáculos, adolescentes, extraños cultos religiosos, tacos, terror, y algo de un humor muy difuminado y testimonial.

—Somos los hijos bastardos de Amunike.

El típico narrador omnisciente en tercera persona nos va introduciendo en la historia mientras alterna dos épocas distintas: 1985 y 2014. Así, durante los diecinueve capítulos de Ciudad tumba, iremos desentrañando los misterios del pasado y los del presente hasta que, en cierto punto, estos se relacionarán entre sí.

Para empezar, en 1985 nos encontraremos con F., un policía atormentado y muy chungo cuyo nombre real no llegaremos a conocer (bien podría ser Felipe, Fernando, Fulgencio o Francisco). El poli malo está enamorado de Galaxia (o Crystal), una chica negra con quien se deshace en elogios y con quien, además, disfruta de tórridos encuentros sexuales. Pese a tenerla en su vida, el tipo seguirá sientiéndose mal consigo mismo hasta la saciedad. Por ello, además de porque el narrador dice, literalmente, que la chica es el juguete favorito de F., pensamos que quizá Galaxia solo sea una especie de pasatiempo para el poli chungo.

Era un hombre cabreado, perdido y armado. Un tipo jodido, alguien que clamaba venganza, un asesino, un hijo de puta, un mal policía, un chungo.

Luego, en los capítulos que suceden en 2014 nos encontraremos con un grupo de adolescentes drogadictos y fiesteros que nos llevarán de viaje para enseñarnos los efectos de distintas pastillas y nos instruirán sobre múltiples tipos de marihuana. Algunas de esas pastillas tienen un pulpito dibujado, parece que en homenaje a Lovecraft y su dios del terror Cthulhu. Esto hasta nos hace plantear la opción de que la historia completa no sea más que una alucinación de los chavales, que además pasan sus días en una especie de comuna hippie a la que Mir, la típica joven estudiante universitaria pava pero en busca de nuevas experiencias que aparece en la mayoría de capítulos que suceden en el año 2014, se unirá más tarde.

—Espera un momento, está haciendo un recado.
Andrew salió del lavabo.

Para empezar, tanto F. como el grupito de jóvenes perdidos en la vida me han parecido demasiado tópicos. En defensa del autor diré que esto bien podría ser una crítica al personaje cliché que fácilmente nos podemos encontrar en varias de las manifestaciones del género de terror. Basándonos en eso, podemos considerar a los personajes de Kadmon algo así como una parodia de ellos mismos.

Indra y Mir son, quizá, los personajes más importantes del grupo de adolescentes pero, pese a ello, tampoco podemos considerar a ninguno de los jóvenes un protagonista al uso, porque la trama a veces se difumina o bien en otros de los múltiples personajes o en las reflexiones o subtemas que el narrador va introduciendo.

Ligado con esto, nos encontramos con una narración a veces excesiva, casi sin diálogos, y que va intercalando múltiples referencias o bien de nombres de lugares de Barcelona o cercanos, o bien de canciones o fragmentos de textos relacionados con múltiples temas. Dichas referencias nos las anticipa el autor antes de la obra y son las siguientes: fragmentos de Sacrificios Humanos (Árbol Agónico, 1945), de Juan Eduardo Cirlot; Fumar Cagando, de SFDK; Harry lo hace por ti, de La Polla Records; Anti Todo, de Eskorbuto; Romero el Madero, de Ska-P; Ahora me importa una mierda, de Arpaviejas; Los whippoorwills de las colinas, de August Derleth y Ubbo-Sathla, de Clark Ashton Smith. Es en las canciones donde se intuye cierta crítica social, pero de manera débil, y que va ligada al carácter de los jóvenes a los que todo les da igual, y que tampoco temen a los dioses de la muerte que están descubriendo y despertando. Los protagonistas muestran un profundo odio por la sociedad y cierto resentimiento por la vida de la que tanto y tan frecuentemente intentan evadirse gracias a las drogas.

Tras eso, oyó una voz que le hablaba de tiempos más allá de la memoria y los orígenes del lenguaje, una época en que las cosas todavía no tenían nombre.

En conclusión, Ciudad tumba es un libro extraño, pero no por ello se lleva una valoración tan baja. Si bien su autor nos demuestra en esta novela breve que tiene mucho potencial, las ideas que pretende transmitir no acaban de llegar con la eficacia esperada. El texto es confuso y sus párrafos son, a veces, demasiado largos. En ocasiones, la narración es excesiva y divaga sobre hechos que nos hacen perder el ritmo de la lectura. A ello le sumamos un uso excesivo de onomatopeyas gratuitas que, en mi opinión, entorpecen la lectura; varias comas mal colocadas (incluso entre sujeto y verbo, como sucede en la página 169: Las heridas, ya le daban igual) y el uso sin aparente sentido de mayúsculas y cursivas, entre otros. En mi opinión, el texto hubiese merecido una revisión formal más exhaustiva por parte de su creador y de los editores. A favor del autor, no obstante, diré que la historia en la que nos sumerge cuenta con un crudo trasfondo que combina drogas, alcohol, sangre y monstruos que parecen salidos del universo de Lovecraft y que, quizá, el estilo caótico que presenta guarde cierta unión simbólica con dicho contexto.

El mundo de F. se vino abajo de nuevo, todo de golpe: el bum, bum, el snif snif, el trac, pam, pam, pam.

Valoración: Aceptable
Podéis adquirir Ciudad tumba aquí.

 

Aquí, el resto de críticas dedicadas a la editorial del perrito. Pronto, una entrada resumen de todas. Que nosotras ya reseñábamos a Cerbero cuando todavía no era mainstream:

·Rubicón, de J. G. Mesa
·Yabarí, de Lola Robles (crítica por Miriam Beizana)
·Yabarí, de Lola Robles
·Los príncipes de madera, de Daniel Pérez
·CloroFilia, de Cristina Jurado (crítica por Silvia Paz)
·CloroFilia, de Cristina Jurado
·Domori, de Sofía Rhei
·36, de Nieves Delgado
·Barro (Post Scriptum 01), de Alicia Pérez Gil
·Última noche en el páramo, de So Blonde

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