De Cide Hamete Benengeli a John Ray: el falso autor

Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?

Hoy voy a hablaros, sin demasiada autoridad, del personaje ficticio Cide Hamete Benengeli, creado por Cervantes en Don Quijote de la Mancha (1605). Cide Hamete Benengeli es, en la novela, un historiador musulmán que escribió, supuestamente, las aventuras de don Quijote y Sancho Panza y que atribuye a la obra cierto panorama metaficticio, ya que supone el empleo de dicho recurso con el objetivo de dotar de cierta credibilidad histórica al texto, como dándonos a entender que don Quijote fue un personaje real y que su historia podía contar con varios años de antigüedad en la fecha de su publicación. El nombre del personaje en cuestión parece ser una perversión en forma de juego de palabras de varios vocablos árabes utilizados en sentido jocoso, como restándole al falso historiador una autoridad que, en apariencia, se le había concedido.

Yo, que aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote.

No obstante, y de forma consciente, Cervantes dotó de ciertas contradicciones al personaje como, por ejemplo, su ilógica situación temporal o su condición de morisco <<arábigo y manchego>>, o lo que es lo mismo: de español musulmán cuya lengua materna es la árabe. Así Cervantes parodió, desde el inicio de su obra maestra, a los libros de caballerías, que empleaban este recurso con frecuencia. El objetivo de los autores de novelas de caballerías era el mismo que parece simular Cervantes; pretendían darle verosimilitud a su obra contada añadiéndole un falso autor o, en ocasiones, una falsa historia anónima que dicho autor ficticio o el real copiaba o traducía para hacérsela conocer al mundo.

Otro ejemplo más actual del empleo de este recurso es el utilizado por Vladimir Nabokov en su obra Lolita (1955): en ella, el psicólogo ficticio John Ray dice haber recibido un manuscrito escrito por Humbert Humbert, un profesor de literatura que ha muerto en la cárcel por culpa de una trombosis coronaria. Dicho manuscrito se titula Lolita o Las confesiones de un viudo de raza blanca. Aquí nos encontramos, en definitiva, con el recurso llevado al extremo y usado doblemente: un autor ficticio que, además, protagonizará la novela, escribe su propia historia, que es compartida por un psicólogo. En el principio de la historia, además, conocemos el final que le espera a Humbert Humbert, un personaje al que aprenderemos a odiar durante la novela.

Lolita o Las confesiones de un viudo de raza blanca: tales eran los dos títulos con los cuales quien escribe estas líneas recibió las extrañas páginas que prologa. <<Humbert Humbert>>, su autor, había muerto de trombosis coronaria, en la prisión, el 16 de noviembre de 1952, pocos días antes de la fecha fijada para el comienzo de su proceso.

En conclusión, la metaficción es un recurso difícil de emplear, pero es muy atractivo y cada vez nos cuesta más dar con él en obras actuales. Los recursos de uso metaficcional parecen, de hecho, estar reservados a grandes plumas que se atrevieron a emplearla en su día. En el caso de el Quijote, los recursos metaficticios empleados ayudaron a Cervantes a parodiar de un modo más profundo  a las novelas de caballerías y en el caso de Nabokov en Lolita, ayudó a alejar, en parte, una historia tan polémica del ingenio de su autor, además de servir al lector como adelanto de lo que su protagonista sufrirá y le hará centrarse en el cómo de la novela, en vez de en el qué.

Podéis leer otras entradas (todas en A Librería) en las que hablo sobre la metaficción aquí:

Crítica a Lolita, de Vladimir Nabokov
Crítica a El porqué de las cosas, de Quim Monzó
Crítica a Niebla, de Miguel de Unamuno

2 comentarios sobre “De Cide Hamete Benengeli a John Ray: el falso autor

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  1. Cada vez tengo más claro que tu visión y comprensión de las grandes obras literarias es maravillosa. Leí el Quijote y Lolita hace mucho tiempo, estos detalles casi los había olvidado o me habían pasado totalmente desapercibidos. En fin, qué maravilla de blog tienes, David.

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    1. ¡Muchas gracias, Miriam! Lo cierto es que, en su día, cuando leí ambas obras el recurso me llamó muchísimo la atención porque intuí, sobre todo en el Quijote, una intención de parodia que me resultó excelente. Un saludo y gracias por leer y comentar.

      Le gusta a 1 persona

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