La lírica en Nueva York

Yo no podré quejarme
si no encontré lo que buscaba.
Cerca de las piedras sin jugo y los insectos vacíos
no veré el duelo del sol con las criaturas en carne viva.

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Viznar, 1936) fue un reconocido poeta, prosista y dramaturgo español. Lorca fue también uno de los mayores representantes de la Generación del 27 y sus obras teatrales le hicieron llegar a la cima del teatro del siglo XX, siendo comparado en ocasiones con Buero Vallejo o Valle-Inclán.

Sus padres eran una maestra y un rico propietario y, gracias a ello, el autor granadino tuvo una formación muy completa ambientada en un contexto rural. Más adelante, se mudó a Madrid, donde se alojó en la Residencia de Estudiantes para más tarde conocer a sus futuros compañeros de generación y a muchísimas figuras que definieron el panorama artístico del siglo XX.

Es, de hecho, en el ambiente mencionado de estudio y crecimiento personal que supuso para Lorca la Residencia de Estudiantes donde descubre la moda de las Vanguardias, pero su sensible y detallista personalidad le ayuda a sobrepasar los cánones establecidos y logra triunfar con una de sus obras más características, conocida como Romancero gitano (1928).

Más tarde, en 1929 y en plena crisis existencial y estética, Lorca vivirá una temporada en La Habana, Cuba —donde explorará tanto la cultura como la música cubanas— y en Nueva York (durante un año) y, a partir de las oscuras pero enriquecedoras experiencias que allí acumuló, escribirá Poeta en Nueva York (1930) al regresar a España. Lorca afirmó en su día que su estancia en Nueva York fue “una de las experiencias más útiles de su vida”.

Allí no llega la escarcha de los ojos apagados
ni el mugido del árbol asesinado por la oruga.
Allí todas las formas guardan entrelazadas
una sola expresión frenética de avance.

Poeta en Nueva York supuso cima literaria de Lorca y trabajó en la ordenación y edición de dicho material hasta 1936 a pesar de haberlo finalizado seis años antes. El recogido de poemas, no obstante, no vería la luz hasta 1940. En la obra, el poeta granadino realiza tanto una búsqueda existencial como una intensa protesta social. Lorca incluyó, además, en su obra una poesía titulada Oda a Walt Whitman, en la que homenajea al gran artista estadounidense. Podéis leer más sobre la importancia que supuso Walt Whitman para la literatura lírica aquí.

Durante la época de la República, el poeta andaluz dirige la compañía teatral universitaria apodada como La Barraca y logra expandir el teatro de corte más clásico por casi todos los rincones de España.

No puedes avanzar por los enjambres de corolas
porque el aire disuelve tus dientes de azúcar,
ni puedes acariciar la fugaz hoja del helecho
sin sentir el asombro definitivo del marfil.

En 1933, Lorca visita Buenos Aires, Argentina, cosechando multitud de éxitos con su obra dramática. Al regresar, el autor granadino ya es un gran poeta y dramaturgo de éxito y manifiesta sus ideas de izquierdas de forma pública. Este hecho supondrá su fin: los nacionales le seguirán de cerca y le fusilarán al estallar la Guerra Civil española, tan solo dos meses después de finalizar La casa de Bernarda Alba (1936).

Por un lado, su compendio lírico lo completan, a parte de los ya mencionados, Libro de poemas (1921), Poema de cante jondo (1921), Oda a Salvador Dalí (1926), Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935), Seis poemas galegos (1935), Diván del Tamarit (1936) y Sonetos del amor oscuro (1936).

9788467036084

Objeto 1. Portada de Poeta en Nueva York (Austral)

Por otro lado, sus obras teatrales se completan con El maleficio de la mariposa (1921), Mariana Pineda (1927), La zapatera prodigiosa (1930), Retablillo de Don Cristóbal (1930), El público (1930), Así que pasen cinco años (1931), Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1933), Bodas de sangre (1933), Yerma (1934), Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935) y una comedia sin título que quedó inacabada debido a su repentino asesinato.

Allí bajo las raíces y en la medula del aire,
se comprende la verdad de las cosas equivocadas.
El nadador de níquel que acecha la onda más fina
y el rebaño de vacas nocturnas con rojas patitas de mujer.

 

2 comentarios sobre “La lírica en Nueva York

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