Laforet o el silencio literario

Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado, y no me esperaba nadie.

Nada (1944)

Carmen Laforet Díaz finalizó su obra maestra, Nada, con solo veintitrés años de edad. El día de su publicación quedó marcado por siempre en la historia de las letras españolas, revolucionando el panorama literario moderno. En enero del año 1945, Nada ganó el Premio Nadal y cogió todavía más fuerza, convirtiendo a su autora en una personalidad admirada y ejemplar. Podéis leer mi crítica a dicha novela en A Librería.

La autora catalana siguió escribiendo exitosas novelas e incluso logró publicar un compendio literario que recogía algunas de sus novelas en una única colección llamada Novelas (valga la redundancia) y que , debido a las grandes ventas que generó, se reeditó múltiples veces desde su publicación en 1957 hasta mediados de los 70.

Fue en el año 1963, de hecho, cuando la carrera de Laforet quedó marcada de un modo misterioso y oscuro. La escritora publicó ese mismo año La insolación, la primera de las tres novelas que planeó que compondrían la trilogía Tres pasos fuera del tiempo. Esta creación llegó a obsesionar a la escritora barcelonesa, y aseguró que completaría la obra con dos tomos más, llamados Al volver la esquina y Jaque mate.

Carmen Laforet tiene el encanto irreal de las hadas y la verdad real de una niña tímida.

Jane Bowles

Laforet confesó a su familia que, con La insolación se sintió, por primera vez durante su carrera, realmente bien escribiendo. Más adelante, cuando comenzó Al volver la esquina, cayó en una espiral de desesperación y lentitud literarias en las que la autora no se sintió nunca satisfecha con su creación. A pesar de esto y a trompicones, Carmen terminó la segunda parte de la trilogía tres años después de publicar la primera y la envió a sus editores.

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Objeto 1. Portada de La insolación (Destino)

Al recibir el manuscrito corregido, Laforet trabajó en su mejora de un modo muy dedicado y minucioso pero, de repente, decidió que no podía o que no quería seguir con la historia y ni siquiera aceptó publicar Al volver la esquina. Desde ese momento, Carmen Laforet puso un gran punto y a parte a su carrera literaria, que se vio interrumpida hasta el año 1981, cuando publicó Mi primer viaje a USA.

Mi compañera de letras, Miriam Beizana, ha publicado esta misma semana una entrada, llamada Abandona la novela, en su blog y en la que habla sobre cuál es el momento adecuada de dejar apartada una novela y que, además, guarda cierta relación con lo que le sucedió a Laforet. Os la recomiendo encarecidamente (podéis leerla aquí).

La desaparición literaria de Laforet se vio reflejada años después en sus apariciones sociales: a partir de los años setenta, la autora catalana decidió retirarse de la vida pública de un modo incondicional. Veinte años más tarde, Laforet fue ingresada en una residencia geriátrica a causa de su enfermedad degenerativa.

—No escribe ya nada, ni apuntes, ni fragmentos…
—No, nada.
—¿Ni siquiera un diario?
—No, me he liberado de la literatura.
—Pero sigue usted leyendo libros.
—Es lo único que hago, leer. ¿Para qué escribir? No quiero hacer literatura, solo disfrutarla leyendo. Siempre fui una gran lectora y echaba de menos tiempo para leer. Solo quiero vivir para disfrutar de mis hijos y de mis nietos. En esta casa nueva estoy muy bien.
—Vive usted como una reina.
—Mejor que una reina, no tengo nada que hacer. No hago nada.

     Conversación de Carmen Laforet con Rosa Falcón un año antes del fallecimiento de la escritora (2003)

¿Es posible que la sombra de Andrea, la aclamada protagonista de su obra maestra, la persiguiera hasta envolverla en su propia nada? La decisión que tomó la autora española fue tajante, igual que lo eran siempre el resto de sus decisiones, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Laforet siguió corrigiendo durante años Al volver la esquina y tomó notas para Jaque mate, la tercera y última parte de la trilogía. No fue hasta el año 2004, sin embargó y coincidiendo con la muerte de Laforet, cuando sus hijos autorizaron la publicación de Al volver la esquina.

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Objeto 2. Portada de Al volver la esquina (Destino)

Cabe destacar que, a pesar del silencio literario de Laforet, su obra no conoció fronteras y fue capaz de romper con los cánones establecidos en la literatura de posguerra. La decisión de Carmen no fue irrevocable, no obstante, y aunque en ocasiones se la haya comparado con artistas que dejaron de escribir como Juan Rulfo, Jaime Gil de Biedma o Rimbaud, su caso fue completamente distinto.

A finales de los ochenta, Teresa Rosenvinge y Benjamín Prado, que se encargaban de escribir una biografía sobre Laforet, la llamaron al hogar de su hija en Majadahonda (a las afueras de Madrid) para hacerle ciertas preguntas y comprobaron que su deseo de alejarse de la vida literaria sí era algo innegociable, pues así mismo les contestó Laforet ante su insistencia:

—Dejen de llamar, no vuelvan a hacerlo. No tengo nada que opinar. Piensen en mí como si ya estuviera muerta.

Las cuestiones que se nos vienen involuntariamente a la cabeza son similares a las siguientes: ¿Por qué Laforet decidió huir del trono literario que ella misma había logrado alcanzar? ¿Por qué abandonó las letras? ¿Por enfermedad, por presión social o por sus fobias personales? ¿Quizá por nada de lo anterior?

La irrevocabilidad de su decisión, en todo caso, pudimos observarla, además de en su obra Mi primer viaje a USA, en una anécdota que explica que la autora barcelonesa se levantó un día diciendo que era probable que volviese a escribir, ya que acababa de leer en el periódico la historia de un gato que había nacido con alas y empezaba a despertar en ella una necesidad imperiosa por explicarla.

Según sus estudiosos, la historia del fantástico felino no fue escrita nunca. Pero sí que es cierto que fue esa la historia que estuvo a punto de hacerla regresar a las letras: los acontecimientos de un ser especial, diferente, paradójico, mitad del cielo y mitad de la tierra y que, además, no podía vivir ni en un lugar ni en el otro. La historia de un ser excepcional y único que erra entre el resto, sin saber cómo orientarse.

Todo lo mencionado anteriormente puede compararse con Laforet de una forma muy acertada: la autora catalana fue una escritora en un mundo de escritores o, mejor dicho: fue una mujer en un mundo de hombres. Como ese gato que no pertenece ni al cielo ni a la tierra, quizá su labor literaria alcanzó a presionarla de tal manera que decidió apartarse y desaparecer, concediéndose a sí misma una invisibilidad que se alargaría durante años para jamás volver a dejarse ver como en sus momentos de gloria.

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