El dilema de la normalización

Antes de profundizar en la presente entrada debo confesar que esta reflexión nació de un comentario que hice a Fani Álvarez en su blog Escritora entre el centeno, un blog sobre literatura que sigo y que me ayudó a dar el paso para hablar del tema que hoy os traigo. Os lo recomiendo encarecidamente.

Últimamente he estado leyendo distintas opiniones y artículos basados en la importancia y la normalización que se les confiere a los personajes conocidos como LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales). Me gusta encontrar debates y opiniones sobre un tema que considero que a día de hoy, en pleno y pletórico siglo XXI, debería haberse aceptado como algo real y absolutamente normal porque doy mi apoyo a esa lucha igual que apoyo cualquier oposición a la injusticia o a la carencia de sentido común (y lo he hecho de forma abierta desde siempre).

Cuando los que nos dedicamos a escribir nos marcamos como objetivo crear un universo de la nada, éste no acaba realmente naciendo de esa hipotética nada –que no puede existir como base de un contexto–, y dejamos atrás la típica expresión. Ese mundo nuevo será creado basándose en el contexto real que rodea al/la autor/a y se nutre del día a día de éste/ésta. Así, es fácil considerar que añadir personajes de la más variada índole, condición, género e, incluso, aspecto físico o psicológico es algo que debería surgir de modo automático. Luego restará la misión de dotar a todas las entidades ficticias que hemos creado de cierta relevancia que quedará, por mucho que lo intentemos cambiar, descompensada de un modo u otro.

Regresando a los personajes LGTB, debo decir que no soy partidario de etiquetarlos (ni a ellos ni a ningún personaje que se salga de los cánones aceptados o extendidos) pero que sí intento, cuando creo una entidad ficticia, insinuar con detalles, miradas, acciones o palabras sus características sin excepción porque en mi día a día conozco a personas de distinta orientación, origen y mentalidad y si ignorara esta realidad que vivo día tras día mi creación carecería tanto de normalidad como de verosimilitud.

No obstante, debo confesar que mi dilema llega cuando no quiero etiquetar a los personajes, pero cuando a su vez tampoco quiero que su caracterización permanezca o bien invisible o bien demasiado escondida entre las sutilezas de mis escritos. Ese es un aspecto en el que quiero trabajar, porque me gustaría que lo que escribo llegara a entenderse con cierta claridad, incluso sin que el personaje en cuestión tenga la necesidad de relacionarse con otras entidades ficticias para explicar su condición.

Si bien es cierto que no he leído demasiadas obras que se engloben dentro del género LGTB –y, aunque me indigne que se etiquete a algunas obras así y que el término LGTB suponga un género en sí mismo, entiendo que es algo necesario dentro del proceso de normalización y aceptación que vivimos en la actualidad– sí que he leído las dos obras de narrativa intimista de Miriam Beizana Vigo: Marafariña (2015) y Todas las horas mueren (2016). Cabe destacar que esta última obra es más bien una hábil combinación entre ensayo y narración y las menciono porque nunca las vi como obras LGTB sino más bien como las define su propio trasfondo temático y emocional ya mencionado.

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Objeto 1. Portada de la primera edición de Marafariña

De hecho, los personajes de la escritora gallega me parecen un buen ejemplo de normalización y verosimilitud sin necesidad de exaltar o exagerar sus condiciones homosexuales, que quedan igualmente claras y definidas.

En conclusión, y a pesar de que todavía hay una extraña niebla de intolerancia con este tipo de personajes que parece ir disipándose poco a poco, siempre se agradece la inclusión de personajes LGTB, la caracterización que de éstos se logra construir y la importancia a nivel narrativo que se les da, siempre desde un punto de vista natural y realista.

' A lovely read '- The Seatown Press (1)

Objeto 2. Portada original de Todas las horas mueren

Os dejo aquí varios enlaces de interés relacionados con el tema:

Ruth, el mejor personaje de la autora Miriam Beizana (considerado por ella misma)

-Mi crítica a Todas las horas mueren, de Miriam Beizana en A Librería

Bury my gays, por Fani Álvarez en La escritora entre el centeno

3 comentarios sobre “El dilema de la normalización

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  1. Me alegra que mi entrada haga reflexionar 🙂
    Como has comentado, si queremos incluir un personaje LGBT, tenemos que dejarle claro al lector para que no se pierda en sutilezas. Y eso depende también de la trama que estemos escribiendo; para mi primera novela sí necesitaba ponerle una etiqueta, pero para otros relatos que he escrito me ha bastado con un sencillo comentario en un diálogo o en la narración. Yo creo que con que a los lectores les quede claro y no se caiga en clichés ya tenemos gran parte del trabajo hecho. ¡Un saludo y gracias por la mención!

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    1. Estoy de acuerdo contigo, no caer en clichés o ir dejando de hacerlo de forma progresiva es el camino, sin duda. Creo que todavía no soy capaz de expresar con claridad el sentimiento de injusticia y de incomprensión que me generan estos temas, que acaban resultando estar todos enfocados hacia la importancia que se le da a los personajes más canónicos. Me aburre y me indigna a la vez. Gracias por pasarte y comentar. ¡Un saludo!

      Le gusta a 1 persona

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